¿quién soy?
Soy Kerly, y me gusta que me llames Ker.
Soy psicóloga, psicoterapeuta y asesora de porteo. También soy Administradora de Empresas, emprendedora y estratega de marketing digital.
Disfruto trabajando en acompañar procesos psicoterapéuticos de mujeres, madres y profesionales, con un profundo respeto y admiración por la neurodiversidad, resultado de mi propio proceso personal.
A mis 35 años, por allá en 2023, fui diagnosticada con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).
Así que seré honesta y te pido amablemente que me prestes tu atención porque esto que te voy a contar le dio un giro profundo a mi historia de vida.


En 2012, a mis 25 años, tuve una incapacidad grave que me llevó a poner toda mi vida en pausa durante 2 años, por un trastorno de ansiedad generalizada. Solo recuerdo que fue la primera vez que dije la frase “Dios santo, estoy en el infierno, he tocado fondo”.
Afortunadamente pude recuperarme, pero no puedo negar que a partir de esa experiencia empecé a ver cómo mi vida, poco a poco, se iba apagando. Por más que me esforzaba, no encontraba un equilibrio emocional. Sencillamente tuve que adaptarme. Aprendí a sobrevivir así, observando cómo mi salud mental se desvanecía año tras año. Me sostenía la hiperactividad de mi cerebro, no dejaba de pensar e imaginar un contexto mejor para personas “raras” como yo.
A mis 30 años, fui mamá por primera vez. Así que, en coherencia con mis valores y sueños personales, inicié una larga pausa laboral, para dedicarme a la maternidad y la crianza. Conociendo mi inquietud e hiperactividad, sabía que no podía dedicarme a solo ser mamá y ya, como si solo eso no fuera ya semejante trabajo, pero bueno, sabía que me iba a aburrir y así inició el viaje de lograr mi sueño: ser psicóloga.
En 2023, después de un largo proceso de recaídas en mi proceso psiquiátrico y psicoterapéutico, recibí el diagnóstico de TDAH, por fin mi nueva psiquiatra había dado en la diana. Literalmente volví a vivir, comenzó el verdadero proceso hacia mi sanación y transformación. Sin embargo, tengo que ser sincera, como no estaba buscando este diagnóstico, no lo vi venir; así que asumirlo y procesarlo fue sumamente doloroso. Fue como ver de repente la película completa de mi vida. Por primera vez, cada pieza encajaba.
Dolía, pero no puedo negar que fue el inicio de una comprensión más profunda de cómo estaba configurado mi cerebro.
Dolía el solo pensar en esa niña tan dispersa, hiperactiva e imprudente que creció con baja autoestima, que sobrevivía a duras penas el día a día, y que se acostaba cada noche sumida en el dolor, la culpa y el malestar emocional. Sabía que había algo en mí que me hacía “rara”, así que me esforzaba por tener un personaje para cada situación o persona con la que interactuaba, lo que me agotaba demasiado. Por más que intentaba ser feliz y productiva, había algo que yo misma llamaba “mi lado oscuro”, eso que no me dejaba disfrutar de todo lo que yo soy.
Dolía el solo hecho de pensar que, de haberlo sabido antes, quizá me habría cuidado más o tal vez no habrían llegado los molestos trastornos comórbidos. Así atravesé este proceso de duelo durante un año aproximadamente. Confieso que durante ese periodo de tiempo llegué a odiar el TDAH al punto de evitar profundizar en el tema; apenas me permití conocer lo más básico para iniciar mi proceso de sanidad.
A partir de 2024, una vez atravesado ese duelo, despertó en mí una profunda pasión por comprender esta variación del cerebro humano. Desde entonces he estudiado el TDAH de manera constante y rigurosa, abordándolo desde una perspectiva neurobiológica, genética, psicológica y socio-cultural.
Te puedo asegurar que me he vuelto una experta en el TDAH y aunque no cuento con un certificado formal que avale este recorrido, he construido mi experticia a partir de un estudio riguroso, sostenido, crítico y cotidiano de artículos científicos, libros especializados y de mi experiencia clínica privada, sin que haya pasado un solo día, desde el cierre de ese duelo, en el que no haya dedicado tiempo a aprender y profundizar en este trastorno a lo largo del desarrollo evolutivo de hombres y mujeres.
Todo este aprendizaje nació de la curiosidad, pero sobre todo del deseo profundo de comprenderme y cuidarme.
Hoy no solo me he reconciliado con mi cerebro “tdachoso”, como le digo de cariño y con algo de amor-odio, sino que disfruto profundamente de abrir caminos de luz y claridad para mis pacientes, que están atravesando de alguna manera, los senderos que yo misma ya he recorrido.
Mi misión es acompañarte con ternura, empatía y conciencia, sin perder nunca el rigor científico y profesional que me caracteriza, mientras fortaleces y comprendes tu identidad, resiliencia, pensamiento crítico, autoestima y amor propio.
Actualmente me dedico a criar amorosamente a mis hijos, mientras trabajo en mis dos grandes pasiones.
Como psicóloga, soy experta en apego, psicoterapia, crianza, parentalidad, desarrollo infantil, porteo ergonómico, TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo, junto a sus diversas comorbilidades.
Como administradora de empresas, soy experta en emprendimiento, productividad, Estrategia y Marketing digital.
Además de atender a mis pacientes en psicoterapia, procuro sacar espacios de calidad para mis hijos y en especial para mi querido esposo, quien ha permanecido a mi lado apoyándome en todo este proceso.
También cuido de tener espacios de calidad con mis queridas amigas, quienes saben que ocupan un lugar muy especial en mi vida.
Además, disfruto mucho de crear experiencias psicoeducativas y terapéuticas para el bienestar del talento humano en organizaciones que creen en sus capacidades y que adaptan sus entornos a la neurodiversidad para que todos y todas seamos productivos sin que eso les cueste su salud mental y bienestar emocional.
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Mi HISTORIA DE VIDA
Nací y crecí en Magangué, Bolívar, en la costa Caribe, al norte de Colombia.
Desde pequeña siempre fui una niña muy activa. Me encantaba el movimiento, por eso prefería jugar fútbol y practicar deportes que usualmente eran considerados “para niños”. Me aburria estar quieta.
Me gustaba estar en todas. Fui parte del equipo de evangelismo y acólitos de la iglesia católica local. A mis 13 años ya estaba dictando las clases de formación para los niños y niñas que iban a tomar la primera comunión. También pertenecí al equipo de microfútbol de mi colegio y a la vez era bailarina de danzas folclóricas y contemporáneas tanto de mi colegio como del grupo de la casa de la cultura de mi pueblo. A lo largo de mi vida escolar me destaqué por ser una líder natural, siempre fui la vocera de mi salón cada año lectivo y en mi último año fui elegida como personera estudiantil. Además, me convertí en la profe de danzas y de revistas gimnásticas de todos los grados de mi colegio.
Al terminar el colegio, soñaba con estudiar psicología, pero por falta de recursos no se pudo, así que con mis ganas y empuje para estudiar una carrera profesional me obligué a mudarme a Cartagena y, con lo que tenía a mi alcance, comencé a estudiar Administración de Empresas. Fue un cambio abrupto y desafiante porque solo tenía 17 años. Durante los primeros años me sentí muy sola, hasta que fui construyendo una red que me sostuvo: amigas, mi entonces novio (hoy mi esposo) y una comunidad cristiana que me abrazó en ese proceso.
Crecí en un entorno marcado por la violencia intrafamiliar y la escasez, lo que me llevó a desarrollar resiliencia y habilidades de afrontamiento.
A los 19 conocí a mi mejor amigo y a los 23 me casé con él.
Siendo ya una adulta, seguía siendo muy activa; sentía que tenía un “superpoder” para hacer muchas cosas a la vez. Ya de grande no era tan evidente mi hiperactividad, pero se sentía más intensa dentro de mi cabeza, con pensamientos rápidos y abundantes, no paraba de crear cosas, dormía y descansaba muy poco porque no sentía esa necesidad… pero mi salud mental colapsó a mis 25 con una ansiedad severa que me mantuvo incapacitada por 2 años.
A los 27, mi esposo y yo nos mudamos a Medellín, con el propósito de que él estudiara una especialidad medica en Cardiologia, mientras tanto Inicié mis estudios en teología y liderazgo cristiano, porque mi alto nivel de curiosidad no me dejaba leer la biblia de manera superficial sino que debía entender la distancia en espacio y tiempo que nos distanciaba de los escritores y sus contextos. Esto me llevó a ser una orgullosa egresada del Instituto Bíblico Cristo Para Las Naciones (CPN Colombia).


Fotografía terminando mi formación en CPN Colombia, con mi primer bebé de 3 meses, a quienes agradezco que aceptaron mi solicitud de terminar el último semestre llevando a mi bebé porteado.


Siempre soñé con ser mamá y estar presente en la crianza de mis hijos. Por suerte, tuve la posibilidad de dedicarme completamente al cuidado del hogar y la familia. Pero también entendí que el trabajo no remunerado en casa no cuenta como experiencia laboral en un sistema capitalista que nos deja a las madres desprotegidas y genera un vacío en la hoja de vida.
Aunque mi esposo siempre ha sido mi gran apoyo y nunca me ha faltado nada, tuve claro que necesitaba independencia económica. No quería depender completamente de alguien, y sabía que debía hacer algo más para gestionar mis propios recursos sin dejar de estar presente en la gestión de cuidados y educación de mis hijos.
En la medida que construía un emprendimiento, también estudiaba psicología. Siempre me ha apasionado entender el comportamiento humano, y esta carrera era perfecta para complementar mi deseo de ayudar a las familias en su proceso de crianza consciente.
A los 30, me convertí en mamá, casi que no termino mis estudios en CPN, pero lo logré gracias a mi persistencia y al porteo ergonómico. Una vez alcancé este logro, me motivé e inicié mis estudios en psicología, crianza y porteo.
A los 34 nació mi segundo hijo, y con él, ZariMoms portabebés.
A los 35, por poco mi salud mental colapsa nuevamente, y así supe que tenía un TDAH no tratado en la adultez, fue como volver a nacer. Solo saberlo ya fue sanador. Entendí un poco más mi cerebro, aprendí a cuidarme y a tratarme con empatía, además empecé a recibir el tratamiento adecuado. Me ayudó a comprender cómo y por qué mi cerebro funcionaba de la manera en que lo hacía. Ahora entiendo que por mi escasa memoria de trabajo, algunas actividades diarias me resultan realmente difíciles, también se me dificultan la priorización de actividades, la gestión del tiempo y la productividad. A veces tengo momentos de baja concentración, pero también experimento períodos de hiperfoco, durante los cuales no solo puedo aprender de manera más fácil y rápida, sino que soy capaz de escribir de manera lúcida muchas páginas con las ideas creativas que me vienen a la mente. Puedo hablar de cualquier tema que me apasione durante horas sin parar, llegando incluso a bloquear algunas sensaciones corporales para no interrumpir mi conversación. Sin embargo, estoy trabajando en controlar mi impulsividad imprudente, que me ha causado varios problemas.
El solo conocer mi historia fue sanador.
Hoy me dedico a criar amorosamente a mis dos hijos, administro mi hogar, a ZariMoms Portabebés y algunos bienes raíces que con mucho esfuerzo he adquirido con mi esposo. Y aquí estoy para servirte con mucha empatía, como mamá y psicóloga que ha recorrido el camino que tú transitas hoy.
Me encanta aprender sobre el desarrollo humano, la psicología evolutiva, perspectivas de género y soy una admiradora de la infancia y la adolescencia, especialmente de su creatividad y curiosidad. También me apasiona estudiar marketing, ventas, productividad y de la apasionante vida de Jesucristo en la Biblia. Amo demasiado estudiar porteo ergonómico, trastornos del neurodesarrollo, sueño infantil, crianza, parentalidad, educación e inteligencia emocional.
Soy altamente emocional, siento las emociones más profundamente, soy impulsiva y sinceramente me mueve más eso que lo racional, creo que por eso soy poco convencional y me salgo de lo políticamente correcto a menudo.
Desde los 15 años, sentía el impulso de generar mis propios ingresos. Así que comencé mi primera "aventura empresarial": un pequeño negocio de venta de minutos de celular. Vendía minutos por 350 pesos, pero pronto la competencia comenzó a reducir los precios y terminé vendiéndolos a 100 pesos. Fue mi primer gran aprendizaje sobre el mercado: adaptarse o morir.
A los 16 años, conseguí trabajo en una tienda de ropa. Pero debo confesar que era la peor vendedora. No me sentía cómoda diciendo "te queda hermoso" si no lo creía de verdad, y mucho menos persiguiendo clientes para que entraran al almacén. Trabajé allí hasta los 21 años, pero odiaba ese enfoque de venta manipulativa que, en ese momento, era muy común.
A los 21 años, trabajé en una inmobiliaria en Cartagena, vendiendo apartamentos de lujo. El mundo inmobiliario fue un gran reto, repartir volantes en hoteles lujosos me frustraba mucho. Pero, aunque no lo entendí en ese momento, todas esas experiencias me estaban preparando.
Cuando cumplí 23 años, me vinculé a la venta de programas de estética corporal en un SPA en Cartagena. Mi rol incluía tareas administrativas y de ventas. Aprendí algo clave: la venta no es solo ofrecer un producto o servicio, es entender cómo este puede transformar la vida de alguien.
Desde los 24 hasta los 27 años trabajé como jefe de compras donde aprendí diferentes técnicas de negociación.
Mi último empleo fue en un centro comercial en Medellín como asistente de compras. Pero cuando quedé embarazada de mi primer bebé, sufrí de hiperémesis gravídica, una condición que me dejó sin energías y decidí renunciar empezando mi embarazo.
Cuando nació mi primer bebé, sentí que necesitaba hacer algo más que criar. Fue entonces cuando descubrí el porteo ergonómico. La experiencia de cargar a mi bebé me devolvió algo que creía perdido: mi libertad y autonomía.
A los seis meses de mi bebé, decidí convertirme en asesora de porteo. Quería difundir este hermoso arte que me había transformado. Así nació mi cuenta de contenido en redes sociales en septiembre de 2017, donde comencé a hablar sobre porteo, vínculo y crianza respetuosa.
Pronto, mi contenido comenzó a atraer a familias interesadas en portear. Distribuir portabebés no fue una venta forzada, sino el resultado de conectar con personas que buscaban lo mismo que yo: una maternidad más práctica y conectada.
Mi amor por el porteo ergonómico

El nacimiento de zarimoms portabebés
Aunque mi sueño era tener mi propia marca comercial de portabebés, una persona cercana me dijo que no se podía ser asesora y fabricante al mismo tiempo. Y le creí. Aprendí que no siempre los consejos no pedidos se vuelven sentencias.
Tres años después, en febrero de 2020, decidí dar el salto y hacer pruebas con portabebés diseñados por mí. Mis hijos fueron los primeros en probarlos. Todo iba bien hasta que llegó la pandemia.
El confinamiento me desanimó, pero al ver a otros emprendedores reinventarse, decidí seguir adelante. En septiembre de 2020, lancé mi marca: Ágape Portabebés.
El cambio de nombre: De Ágape a ZariMoms
En 2021, tuve que cambiar el nombre de mi marca por un conflicto de registro marcario. Fue un proceso difícil, pero sabía que debía hacerlo.
Hablé con personas de confianza, hice una lista de posibles nombres y, tras muchas revisiones, nació ZariMoms:
Zari viene de la zarigüeya, un marsupial que lleva a sus crías en su marsupio y luego en su espalda, que tiene presencia en Colombia y gran parte de Latinoamérica.
Moms significa "mamás" en inglés.
La historia detrás del nombre fue bien recibida por nuestra comunidad, y el cambio resultó ser un paso positivo y necesario.


ZariMoms Hoy
Hoy, ZariMoms es más que una marca de portabebés. Es una comunidad que acompaña a las familias en su camino hacia una crianza más consciente y amorosa. Mi formación en psicología me permite ofrecer un acompañamiento integral, más allá del producto.
He aprendido que las ventas no son manipulativas si vendes desde el propósito, desde el deseo genuino de ayudar y aportar valor.
Mi misión es clara: Acompañar a las familias, ayudarlas a encontrar su propio camino en la crianza y devolverles la libertad y autonomía que muchas veces se pierde en la maternidad. 💕





