Conocéme

Soy Kerly Lastre.

Mi historia como emprendedora, administradora y ahora psicóloga, además de mamá, ha sido un viaje lleno de aprendizajes, desafíos, reinvenciones y, sobre todo, autodescubrimiento.

Mi historia

  • Desde los 15 años, sentía el impulso de generar mis propios ingresos. Así que comencé mi primera "aventura empresarial": un pequeño negocio de venta de minutos de celular. Vendía minutos por 350 pesos, pero pronto la competencia comenzó a reducir los precios y terminé vendiéndolos a 100 pesos. Fue mi primer gran aprendizaje sobre el mercado: adaptarse o morir.

  • A los 16 años, conseguí trabajo en una tienda de ropa. Pero debo confesar que era la peor vendedora. No me sentía cómoda diciendo "te queda hermoso" si no lo creía de verdad, y mucho menos persiguiendo clientes para que entraran al almacén. Trabajé allí hasta los 21 años, pero odiaba ese enfoque de venta manipulativa que, en ese momento, era muy común.

  • A los 21 años, trabajé en una inmobiliaria en Cartagena, vendiendo apartamentos de lujo. El mundo inmobiliario fue un gran reto, repartir volantes en hoteles lujosos me frustraba mucho. Pero, aunque no lo entendí en ese momento, todas esas experiencias me estaban preparando.

  • Cuando cumplí 23 años, me vinculé a la venta de programas de estética corporal en un SPA en Cartagena. Mi rol incluía tareas administrativas y de ventas. Aprendí algo clave: la venta no es solo ofrecer un producto o servicio, es entender cómo este puede transformar la vida de alguien.

  • Desde los 24 hasta los 27 años trabajé como jefe de compras donde aprendí diferentes técnicas de negociación.

  • Mi último empleo fue en un centro comercial en Medellín como asistente de compras. Pero cuando quedé embarazada de mi primer bebé, sufrí de hiperémesis gravídica, una condición que me dejó sin energías y decidí renunciar empezando mi embarazo.

Siempre soñé con ser mamá y estar presente en la crianza de mis hijos. Por suerte, tuve la posibilidad de dedicarme completamente al cuidado del hogar y la familia. Pero también entendí que el trabajo no remunerado en casa no cuenta como experiencia laboral en un sistema capitalista que nos deja a las madres desprotegidas y genera un vacío en la hoja de vida.

Aunque mi esposo siempre ha sido mi gran apoyo y nunca me ha faltado nada, tuve claro que necesitaba independencia económica. No quería depender completamente de alguien, y sabía que debía hacer algo más para gestionar mis propios recursos sin dejar de estar presente en la gestión de cuidados y educación de mis hijos.

En la medida que construía un emprendimiento, también estudiaba psicología. Siempre me ha apasionado entender el comportamiento humano, y esta carrera era perfecta para complementar mi deseo de ayudar a las familias en su proceso de crianza consciente.

Cuando nació mi primer bebé, sentí que necesitaba hacer algo más que criar. Fue entonces cuando descubrí el porteo ergonómico. La experiencia de cargar a mi bebé me devolvió algo que creía perdido: mi libertad y autonomía.

A los seis meses de mi bebé, decidí convertirme en asesora de porteo. Quería difundir este hermoso arte que me había transformado. Así nació mi cuenta de contenido en redes sociales en septiembre de 2017, donde comencé a hablar sobre porteo, vínculo y crianza respetuosa.

Pronto, mi contenido comenzó a atraer a familias interesadas en portear. Distribuir portabebés no fue una venta forzada, sino el resultado de conectar con personas que buscaban lo mismo que yo: una maternidad más práctica y conectada.

El inicio del porteo: Un cambio de vida

El sueño de mi marca y el gran obstáculo

Aunque mi sueño era tener mi propia marca, una persona cercana me dijo que no se podía ser asesora y fabricante al mismo tiempo. Y le creí. Aprendí que no siempre los consejos no pedidos se vuelven sentencias.

Tres años después, en febrero de 2020, decidí dar el salto y hacer pruebas con portabebés diseñados por mí. Mis hijos fueron los primeros en probarlos. Todo iba bien hasta que llegó la pandemia.

El confinamiento me desanimó, pero al ver a otros emprendedores reinventarse, decidí seguir adelante. En septiembre de 2020, lancé mi marca: Ágape Portabebés.

El cambio de nombre: De Ágape a ZariMoms

En 2021, tuve que cambiar el nombre de mi marca por un conflicto de registro marcario. Fue un proceso difícil, pero sabía que debía hacerlo.

Hablé con personas de confianza, hice una lista de posibles nombres y, tras muchas revisiones, nació ZariMoms:

  • Zari viene de la zarigüeya, un marsupial que lleva a sus crías en su marsupio y luego en su espalda, que tiene presencia en Colombia y gran parte de latinoamerica.

  • Moms significa "mamás" en inglés.

La historia detrás del nombre fue bien recibida por nuestra comunidad, y el cambio resultó ser un paso positivo y necesario.

ZariMoms Hoy

Hoy, ZariMoms es más que una marca de portabebés. Es una comunidad que acompaña a las familias en su camino hacia una crianza más consciente y amorosa. Mi formación en psicología me permite ofrecer un acompañamiento integral, más allá del producto.

He aprendido que las ventas no son manipulativas si vendes desde el propósito, desde el deseo genuino de ayudar y aportar valor.

Mi misión es clara: Acompañar a las familias, ayudarlas a encontrar su propio camino en la crianza y devolverles la libertad y autonomía que muchas veces se pierde en la maternidad. 💕